Disección aórtica tipo B en pacientes menores de 30 años: cuando la herencia dicta el pronóstico

Resultados de la experiencia multicéntrica más grante publicada de manejo y opciones de tratamiento de la disección aórtica tipo B en pacientes menores de 30 años.

La disección aórtica tipo B representa en la actualidad uno de los mayores desafíos en la práctica del cirujano cardiovascular, tanto por su heterogeneidad clínica como por la complejidad en la toma de decisiones terapéuticas. En las últimas décadas, el tratamiento endovascular se ha consolidado como una herramienta sumamente valiosa, ampliando de forma significativa el abanico de opciones disponibles frente al manejo exclusivamente médico o quirúrgico abierto. Sin embargo, esta alternativa no está exenta de limitaciones, especialmente en pacientes jóvenes, en quienes la expectativa de vida prolongada, la durabilidad de los dispositivos y el riesgo de reintervenciones adquieren un peso determinante al momento de definir la estrategia más adecuada.

En este contexto, Yildiz et al. publicaron recientemente el mayor estudio multicéntrico enfocado exclusivamente en pacientes de 30 años o menos con disección aórtica tipo B tratados de forma invasiva. El trabajo tuvo como objetivo caracterizar la etiología subyacente y los resultados clínicos de esta población, con especial énfasis en el impacto de la enfermedad aórtica torácica hereditaria (HTAD).

Para ello, se realizó un análisis retrospectivo en 19 centros aórticos internacionales, incluyendo 139 pacientes y evaluando principalmente los casos agudos y subagudos. Los autores observaron que el 57% de los pacientes presentaba alguna forma de HTAD, predominantemente síndrome de Marfan, mientras que la hipertensión arterial estuvo presente solo en un tercio de los casos. La mayoría debutó con disecciones no complicadas, aunque una proporción significativa requirió tratamiento endovascular o cirugía abierta durante la evolución.

La mortalidad temprana fue baja y la supervivencia a medio plazo resultó excelente, sin diferencias significativas entre pacientes con disecciones complicadas o no complicadas, ni entre las distintas estrategias terapéuticas empleadas. No obstante, la presencia de HTAD se asoció de manera independiente con un mayor riesgo de reintervenciones aórticas durante el seguimiento.

Como conclusión, los autores destacan que la disección aórtica tipo B en pacientes jóvenes ocurre predominantemente en el contexto de enfermedades genéticas de la pared aórtica. Si bien tanto la cirugía abierta como el tratamiento endovascular ofrecen resultados precoces y a medio plazo muy favorables, los pacientes con HTAD constituyen un subgrupo de alto riesgo para nuevas intervenciones. Esto refuerza la necesidad de un seguimiento estrecho y de por vida en este grupo etario, así como de una cuidadosa selección del tratamiento inicial.

COMENTARIO:

Uno de los hallazgos más provocadores de la serie de Yildiz et al. reside en la comparación directa entre el tratamiento endovascular (TEVAR) y la cirugía abierta convencional. Si bien la lógica clínica actual tiende a favorecer la vía percutánea por su menor agresividad inicial y rápida recuperación (un argumento de peso en la patología aórtica aguda), este estudio nos obliga a pausar y recalibrar la estrategia en el paciente joven. Los autores demuestran que, en manos expertas, ambas técnicas ofrecen una supervivencia excelente y comparable a mediano plazo. Esto elimina el miedo a la mortalidad quirúrgica como único factor decisor y desplaza el debate hacia un terreno más complejo: la estabilidad de la reparación en el tiempo.

El punto crítico surge al analizar la «letra chica» del éxito endovascular: la interacción entre la prótesis rígida y una aorta genéticamente vulnerable. En esta cohorte, donde la prevalencia de enfermedad hereditaria (HTAD) roza el 60%, la fuerza radial de los stents sobre una pared aórtica frágil puede convertirse en el talón de Aquiles del tratamiento. Aunque el intervencionismo logra resolver la urgencia con gran eficacia, el estudio subraya que la presencia de arteriopatía genética es un predictor independiente de reintervención. Esto sugiere que, para muchos de estos jóvenes, el TEVAR podría no ser una solución definitiva, sino un «puente» hacia futuros procedimientos, transformando su patología en una condición crónica que requiere vigilancia perpetua.

Por lo tanto, la verdadera carga de la enfermedad en estos pacientes no debe medirse solo en tasas de supervivencia, sino en una morbilidad acumulativa que es difícil de calcular: la ansiedad de los controles continuos, la exposición repetida a radiación y el riesgo técnico creciente de reintervenir sobre una aorta ya tratada. La lección que extraemos de esta serie multicéntrica es que la «mínima invasividad» del cateterismo puede, paradójicamente, conllevar una «máxima dependencia» sanitaria a largo plazo. En el paciente joven con sospecha de conectivopatía, la cirugía abierta, aunque más invasiva de entrada, podría ofrecer una durabilidad y libertad de reintervención que justifiquen el riesgo inicial, planteando la necesidad de personalizar la terapia más allá de las tendencias técnicas del momento.

REFERENCIA:

Yildiz M, Luehr M, Ma WG, Martens A, Ruhparwar A, Pellenc Q, et al. Type B Aortic Dissection in Patients Aged 30 Years or Younger: A Retrospective Multicentre Study. Eur J Cardiothorac Surg. 2026 Jan 6;68(1):ezaf450. doi: 10.1093/ejcts/ezaf450.

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