A pesar de que han sido probados otros métodos como placas metálicas, el método estándar para el cierre de la esternotomía tras cirugía cardiaca continúa siendo el cerclaje con alambres. Sin embargo, no existe un consenso establecido sobre cuál es la mejor configuración de dichos alambres, obedeciendo solo a las costumbres de cada centro o a las preferencias de cada cirujano. Se describe en la literatura una incidencia de rotura de alambre en torno al 2-3%, pero sin estar bien descritos los tiempos de rotura ni las implicaciones clínicas que puedan acarrear.
Los investigadores del presente estudio recogieron sus datos mediante el análisis de todas las angiografías realizadas desde enero 2020 a mayo de 2025, en las que se hubiera canalizado la arteria mamaria izquierda para estudiar su permeabilidad. Así clasificaban aquellos pacientes que había sido sometidos previamente a cirugía cardiaca. Dentro de estos casos, se seleccionaron aquellos en los que se hubiera hecho una esternotomía media completa con cierre posterior con al menos dos alambres.
Los datos fueron analizados en relación a tres categorías: 1. Tipo de configuración de los alambres, etiquetados en: alambres simples independientes, alambres dobles independientes, alambres cruzados en figura de 8 y cierre con cerclaje de Robicsek. 2. Localización de los alambres en el esternón: diferenciando localización en manubrio, cuerpo esternal superior y cuerpo esternal inferior y 3. Tipos de rotura, analizando tanto su localización en el alambre (nudo, curvatura, punto medio o rotura explosiva) como el número de puntos de rotura de cada alambre. Dentro de las variables recogidas en el modelo final de regresión logística para estudio de los posibles factores de riesgo asociados a la rotura fueron la edad en el momento de la cirugía, el sexo, IMC y el tiempo transcurrido entre la cirugía y la angiografía. No fueron recogidas las comorbilidades de los pacientes incluidos en el estudio.
En total fueron incluidos 639 pacientes de los cuales 174 (27,2%) presentaron alguna rotura de alambres. Se contabilizaron en total 4670 alambres de los cuales 271 (5,8%) estaban rotos. Dentro del grupo de pacientes con alambres rotos, se identificaron como factores de riesgo de rotura en el análisis multivariante el mayor índice de masa corporal y mayor superficie corporal, el sexo masculino y la menor edad de los pacientes en el momento de la cirugía. Mientras que una edad avanzada en el momento de la cirugía se consideró como factor protector. La mayoría de los alambres rotos (64,9%) presentaban un único punto de rotura, sin que se observaran diferencias en el análisis multivariante entre los pacientes con roturas simples o múltiples. Solamente se observó mayor numero de roturas múltiples cuanto mayor era el tiempo desde la cirugía a la angiografía lo que relacionan con las fuerzas de estrés y cizallamiento sobre el alambre acumuladas en el tiempo. De hecho, estiman que el incremento de las probabilidades de observar un alambre roto se multiplica por 1,03 por cada año transcurrido entre la cirugía y la angiografía. Sin que exista un riesgo cero de rotura en el postoperatorio inmediato, por lo que consideran que también deben existir factores intraoperatorios que condicionan la rotura.
Con respecto a la configuración de los alambres, observan que los alambres dobles tienen la menor tasa de roturas con un 1,7%, seguidos de los alambres simples independientes (5,8%) y cruzados en figura en 8 (8,6%). Sin embargo, no es así por sexos, donde las mujeres tienen una tasa significativamente menor de roturas utilizando figura en 8, mientras que los hombres presentan tasas similares con todas las configuraciones.
Tampoco encontraron diferencias significativas en la localización de los alambres entre las dos cohortes de pacientes, con o sin roturas. Dentro de los que presentaban roturas, las localizaciones mas frecuentes eran los extremos esternales, con un 17,2% en el alambre más distal y un 7,4% en el más proximal. De nuevo, la edad avanzada en el momento de la cirugía era un factor protector de rotura de alambres en relación a su posición en el esternón. Por su parte, el punto más frecuente de rotura se encontraba en las zonas de acodamiento o giro del alambre seguido de la zona del nudo.
En resumen, los autores concluyen que las roturas son menos frecuentes en las configuraciones con alambres dobles y más frecuentes en la figura en 8. Más frecuentes en los extremos esternales y en las zonas de giro con respecto al esternón. Datos que quizás ayuden a los cirujanos a plantearse el tipo de cierre que podría ser más seguro.
COMENTARIO:
Tras leer este trabajo podríamos quedarnos de mano con una primera idea simplista de que, ya que el esfuerzo es el mismo, podría ser más adecuado realizar un cierre esternal con alambres dobles especialmente en los extremos esternales. Sin embargo, a pesar de que de modo muy básico esos son los resultados, en mi opinión el trabajo presenta muchas limitaciones, algunas de las cuales ya comentan los propios autores. Para empezar, se trata de un trabajo realizado con pacientes de un mismo centro, con un mismo tipo de alambre y probablemente una misma sistemática en el cierre esternal por parte del equipo de cirujanos y por lo tanto no extrapolable a otros contextos. Pero considero que la principal limitación está en que no se analizan las características de los pacientes en cuanto a comorbilidades. No se tiene por tanto en cuenta si se trata de, por ejemplo, pacientes tosedores, con patología pulmonar crónica, pacientes en tratamiento corticoideo crónico que pueda llevar a fracturas esternales y mayor movilidad de los alambres o si han presentado episodios de desorientación/delirium postoperatorio. Tampoco se consideran periodos de intubación postquirúrgico, caídas o falta de adherencia a las recomendaciones del cuidado post esternotomía o medidas protectoras aplicadas como corsés.
Tampoco queda claro que la presencia de rotura de alambres esté relacionada con implicaciones clínicas. Aunque en algún porcentaje de pacientes pueda relacionarse con molestias esternales crónicas, no existe un análisis de esta relación. De hecho, se observa un aumento del número de roturas cuanto mayor es el tiempo entre la cirugía y la angiografía y es muy probable que la rotura de un alambre varios años después del cierre esternal no tenga ninguna trascendencia. Entre los pacientes a los que se les había realizado mas de una angiografía postoperatoria, solo se analizaron las imágenes de los alambres de la última de las angiografías realizadas, desperdiciando en mi opinión, la posibilidad de acotar con mas exactitud el momento de la rotura. Quizás sería más interesante un trabajo en el que se revisara con radiografía simple la presencia de roturas de alambre en los primeros 24-48 meses tras la cirugía, que es el periodo de consolidación total del esternón y analizar si en ese tiempo las roturas de alambres tienen mayores implicaciones clínicas.
Y, por último, también quedaría por determinar, cuál sería el manejo más adecuado en el momento del diagnóstico de una rotura de alambre. Aunque hacen referencia a algunos casos de complicaciones por migración de alambres con laceración cardiaca, pulmonar o taponamiento, se trata de casos anecdóticos y es por eso qué, la actitud más lógica sea probablemente un manejo conservador con simple vigilancia una vez que se hace el hallazgo de la rotura.
No obstante, dados unos resultados tan específicos como menor tasa de roturas con alambres dobles en extremos esternales, tampoco estaría de más plantearse adoptar esas medidas en el cierre esternal, ya que no suponen un esfuerzo mayor y puede que ayuden a disminuir las roturas, disminuyendo las potenciales complicaciones que pudieran derivarse de su presencia.
REFERENCIA:
Stoklosa K, Munteanu D, Lachapelle K, Spaziano M, Shum-Tim D, de Varennes B, et al. Fractured Sternal Wires Post Coronary Surgery: A Cross-Sectional Study Examining Wire Configurations, Sternal Locations, and Breakage Sites. Ann Thorac Surg. 2026 Feb 26:S0003-4975(26)00146-3. doi: 10.1016/j.athoracsur.2026.02.010.
