ECMO tras cirugía cardíaca congénita: ¿cuándo implantarlo y cuándo retirarlo?

Estudio retrospectivo unicéntrico que analiza la experiencia de un centro de referencia de Alemania durante 23 años en el empleo de oxigenación por membrana extracorpórea venoarterial (ECMO-VA) como soporte circulatorio tras la cirugía de cardiopatías congénitas.

Schaeffer et al. presentan un estudio retrospectivo unicéntrico que analiza la experiencia de un centro de referencia de Alemania durante 23 años en el empleo de oxigenación por membrana extracorpórea venoarterial (ECMO-VA) como soporte circulatorio tras la cirugía de cardiopatías congénitas. El objetivo principal fue identificar los factores asociados tanto a la necesidad de implantar ECMO como a la supervivencia hospitalaria de los pacientes que precisaron este soporte, prestando especial atención al impacto de la duración de la asistencia mecánica sobre los resultados clínicos.

Durante el periodo de estudio se evaluaron 9892 procedimientos de cirugía cardíaca congénita, de los cuales aproximadamente el 1,8 % requirió ECMO-VA por fracaso cardiorrespiratorio refractario. Los autores analizaron las características clínicas, quirúrgicas y evolutivas de esta cohorte, incluyendo variables relacionadas con el tipo de cardiopatía, la complejidad quirúrgica, la edad, los tiempos de circulación extracorpórea, la tasa de complicaciones y la mortalidad, pese al soporte circulatorio.

Los resultados muestran que la necesidad de ECMO en el grupo de pacientes menores de 2 años, fue significativamente más frecuente en aquellos con fisiología univentricular que requirieron de una cirugía de alta complejidad como la cirugía de Norwood, cirugía de reparación de malformaciones coronarias, parada cardiorrespiratoria perioperatoria y tiempos prolongados de circulación extracorpórea. En el grupo de mayores de 12 años, destacan los tiempos prolongados de circulación extracorpórea y la parada cardiorrespiratoria perioperatoria. La supervivencia hospitalaria alcanzó aproximadamente el 45%, una cifra comparable a la descrita en los principales registros internacionales, que pone de manifiesto tanto el valor de la ECMO, la terapia de rescate como la extrema gravedad de los pacientes en los que se emplea.

Y en cuanto a la mortalidad, el análisis multivariante identificó el fracaso renal agudo con necesidad de terapia de reemplazo renal como uno de los principales predictores independientes de mortalidad, para el grupo de pacientes menores de 2 años. Asimismo, los autores observaron que una duración del soporte superior a seis días se asociaba con un aumento en la tasa de eventos desfavorables, sugiriendo que la evolución clínica durante la primera semana de asistencia constituye un periodo especialmente relevante para valorar las posibilidades de recuperación del paciente.

Los autores concluyen que la ECMO continúa siendo una herramienta esencial en el manejo del fracaso circulatorio refractario tras cirugía cardíaca congénita, así como subrayan la importancia de identificar precozmente los factores asociados a un peor pronóstico y de establecer estrategias de reevaluación continuada durante el soporte. En este sentido, el estudio aporta información útil para la toma de decisiones clínicas, especialmente en relación con la evolución temporal de los pacientes y la necesidad de valorar de forma dinámica la continuidad de la asistencia mecánica.

COMENTARIO:

La oxigenación con membrana extracorpórea (ECMO) constituye actualmente el principal recurso de soporte circulatorio para pacientes con fracaso cardiorrespiratorio refractario tras cirugía de cardiopatías congénitas. La evolución tecnológica de los dispositivos, la consolidación de equipos multidisciplinares especializados y la progresiva estandarización de los programas de ECMO han ampliado sus indicaciones y mejorado la seguridad de la técnica. Sin embargo, estos avances no han resuelto el principal dilema que continúa acompañando a esta modalidad terapéutica. La decisión de implantar una ECMO suele estar relativamente bien establecida; mucho más complejo resulta determinar qué pacientes obtendrán un beneficio real del soporte, cómo debe interpretarse su evolución y, especialmente, cuándo la asistencia deja de representar un puente hacia la recuperación para convertirse en la prolongación de un proceso fisiopatológico irreversible.

En lugar de proporcionar cifras de supervivencia diferentes a las ya conocidas, la principal aportación del trabajo consiste en desplazar el foco hacia un aspecto mucho menos estudiado: qué ocurre después de implantar la ECMO. Tradicionalmente, la literatura ha centrado su atención en definir las indicaciones del soporte, describir sus complicaciones o comparar resultados entre centros. Sin embargo, la realidad clínica demuestra que las decisiones más complejas rara vez se toman en el momento del implante. El verdadero desafío comienza durante los días posteriores, cuando el equipo debe valorar si persiste una posibilidad razonable de recuperación miocárdica, si existen lesiones residuales susceptibles de corrección, si el paciente debe ser considerado candidato a una asistencia ventricular de larga duración o si, por el contrario, la progresión del fracaso multiorgánico obliga a redefinir los objetivos terapéuticos.

Esta reflexión posee implicaciones que trascienden el propio estudio. En demasiadas ocasiones, la continuidad del soporte responde más a la ausencia de alternativas inmediatas que a la existencia de un plan terapéutico bien establecido. Cada día adicional de asistencia debería obligar a responder nuevamente a preguntas fundamentales: ¿persiste una causa reversible?, ¿existe evidencia objetiva de recuperación cardíaca?, ¿continúa siendo alcanzable el objetivo inicial del soporte? Si estas cuestiones dejan de tener una respuesta afirmativa, prolongar la ECMO difícilmente modificará el pronóstico del paciente. Desde esta perspectiva, el trabajo de Schaeffer no propone un límite temporal para la asistencia, sino una metodología para racionalizar la toma de decisiones durante su evolución.

En este contexto, el hallazgo de un incremento significativo de la mortalidad a partir del sexto día de asistencia adquiere una relevancia especial. Sería un error interpretar este resultado como un umbral cronológico a partir del cual la retirada del soporte deba considerarse sistemáticamente. La recuperación miocárdica es un proceso extraordinariamente variable y condicionado por múltiples factores anatómicos y fisiopatológicos. La principal aportación del estudio consiste en transformar una percepción clínica ampliamente compartida en un elemento objetivo que puede incorporarse al proceso de toma de decisiones, en lugar de identificar un límite temporal para la ECMO. El sexto día constituye un punto de inflexión clínico que obliga a una reevaluación estructurada del paciente, sin ser una fecha de caducidad para el soporte. La ECMO no debería entenderse como una decisión puntual adoptada en el momento de su implantación, sino como una estrategia dinámica cuya indicación debe justificarse diariamente sobre la base de objetivos terapéuticos claramente definidos.

Especialmente interesante resulta también la identificación del fracaso renal agudo con necesidad de terapia de reemplazo renal como principal predictor independiente de mortalidad, el cual se puede interpretar como un marcador de la gravedad fisiopatológica más que como una simple complicación derivada del soporte, este hallazgo coincide con publicaciones previas. Este hallazgo nos obliga a plantear una cuestión que el estudio no responde de forma directa, pero que emerge inevitablemente de su lectura: ¿estamos indicando la ECMO demasiado tarde? ¿Es posible que parte de la elevada mortalidad observada en estas series no dependa tanto de las limitaciones del soporte extracorpóreo como del estadio de deterioro orgánico existente cuando finalmente se decide su implantación? Si esta hipótesis es correcta, el principal avance futuro no residirá únicamente en el perfeccionamiento tecnológico de los dispositivos, sino en desarrollar herramientas capaces de identificar precozmente a aquellos candidatos que pueden beneficiarse previamente al establecimiento de un fracaso multiorgánico irreversible.

No obstante, los resultados deben interpretarse a la luz de varias limitaciones metodológicas que, a pesar de haber tenido en cuenta en el análisis, siguen constituyendo un sesgo. Paradójicamente, la mayor fortaleza del estudio constituye también su principal limitación. Analizar una experiencia acumulada durante 23 años permite reunir una cohorte excepcional para una patología relativamente infrecuente. Sin embargo, obliga a asumir que bajo una misma serie conviven estrategias quirúrgicas, programas de ECMO, protocolos de cuidados intensivos y criterios de indicación profundamente distintos. No solo cambiaron los dispositivos; cambió también la forma de entender el soporte mecánico circulatorio. Durante ese intervalo evolucionaron las técnicas quirúrgicas, los circuitos de asistencia, las estrategias de anticoagulación, el manejo perioperatorio e incluso la selección de los candidatos. En consecuencia, resulta difícil considerar la cohorte como una población homogénea. Un análisis estratificado por periodos habría permitido determinar si el impacto pronóstico de variables como la duración del soporte se mantiene constante en la práctica contemporánea o refleja, al menos en parte, la evolución histórica del tratamiento y la curva de aprendizaje del centro.

A esta heterogeneidad temporal debe añadirse la extraordinaria diversidad anatómica de las cardiopatías congénitas. Aunque el análisis multivariante intenta corregir estas diferencias, resulta improbable que los factores pronósticos posean el mismo significado en un neonato sometido a un procedimiento de Norwood que en un paciente de mayor edad con una cardiopatía biventricular. Del mismo modo, el estudio continúa utilizando la supervivencia hospitalaria como desenlace principal. Sin embargo, en una población pediátrica con una expectativa de vida potencialmente prolongada, este resultado constituye únicamente el primer escalón de la recuperación. La preservación neurológica, el neurodesarrollo, la calidad de vida y la necesidad de nuevas intervenciones representan hoy desenlaces de enorme relevancia que deberían incorporarse de forma sistemática a futuros estudios.

El estudio plantea, además, una cuestión conceptual y ética que apenas aborda de manera explícita. La ECMO constituye una terapia de soporte, no una terapia curativa. Su utilidad depende de la existencia de un objetivo clínicamente alcanzable: la recuperación miocárdica, la transición hacia una asistencia ventricular de larga duración o el trasplante cardíaco. Cuando ninguna de estas posibilidades resulta factible, prolongar el soporte deja de representar un puente y puede convertirse en una intervención potencialmente fútil. Determinar ese momento constituye, probablemente, una de las decisiones más complejas de la cirugía cardiovascular contemporánea. No existen algoritmos capaces de resolverla ni biomarcadores que sustituyan el juicio clínico; requiere una reevaluación continua, una valoración multidisciplinar y una adecuada integración entre la evolución fisiológica del paciente, las posibilidades terapéuticas reales y los objetivos asistenciales.

En definitiva, Schaeffer y colaboradores presentan un estudio sólido y clínicamente relevante que difícilmente modificará por sí solo las indicaciones actuales de la ECMO. Su principal aportación no consiste en redefinir las indicaciones del soporte mecánico, sino en recordar que el éxito de esta terapia depende menos del momento en que se implanta que de la calidad del juicio clínico con el que se reevalúa su continuidad. Probablemente no respondan cuándo debe retirarse una ECMO, porque ningún estudio puede hacerlo de manera universal. Sin embargo, recuerdan una idea fundamental que con frecuencia olvidamos: implantar una ECMO es un acto técnico; decidir, día tras día, si continúa teniendo sentido mantenerla constituye un ejercicio de juicio clínico. Y, al menos por ahora, ninguna innovación tecnológica ha conseguido sustituir ese juicio.

REFERENCIA:

Schaeffer T, Hayat S, Matsubara M, Palm J, Lemmen T, Heinisch PP, et al. Early outcomes of extracorporeal membrane oxygenation in congenital heart surgery. Eur J Cardiothorac Surg. 2026;68(6):ezag123. doi:10.1093/ejcts/ezag123.

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