Presentación de la Junta Directiva de la SECCE 2026-2028

La Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y Endovascular (SECCE) inicia una nueva etapa con la constitución de su Junta Directiva para el periodo 2026-2028, un equipo formado por profesionales de reconocido prestigio, amplia experiencia asistencial, docente e investigadora, y un firme compromiso con el desarrollo presente y futuro de nuestra especialidad.

La nueva Junta asume esta responsabilidad con ilusión, sentido de servicio y una profunda vocación de trabajo colectivo. En un momento de importantes desafíos para la cirugía cardiovascular y endovascular, sus integrantes afrontan el mandato con la voluntad de seguir fortaleciendo el papel de la Sociedad como referente científico y profesional, promoviendo la excelencia asistencial, la formación continuada, la investigación y la representación de los intereses de todos los cirujanos cardiovasculares de nuestro país.

Durante los próximos años, el esfuerzo de la Junta estará orientado a consolidar los proyectos ya iniciados, impulsar nuevas iniciativas estratégicas y fomentar una participación cada vez más activa de los socios, especialmente de las nuevas generaciones. Todo ello desde una visión integradora, abierta al diálogo y basada en el trabajo conjunto de los distintos grupos de trabajo, secciones y sociedades afines que conforman el ecosistema científico de la cirugía cardiovascular española.

La SECCE afronta así este nuevo periodo con confianza y optimismo, apoyándose en la dedicación de un equipo humano que entiende la responsabilidad de dirigir la Sociedad como una oportunidad para devolver a la profesión parte de lo que ha recibido de ella y contribuir al crecimiento colectivo de nuestra comunidad científica.

Con este espíritu de compromiso, responsabilidad y servicio, el nuevo presidente de la SECCE, el Dr. Sergio J. Cánovas López, dirigió unas palabras a los socios durante el Congreso Nacional celebrado en Vigo del 10 al 12 de junio de 2026, marcando las líneas maestras de la etapa que ahora comienza:

 

Querido Presidente Dr. Legarra, queridos compañeros y amigos;

Asumir la presidencia de la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y Endovascular es para mí un honor enorme. Pero, sobre todo, es una responsabilidad.

Y lo digo así, de forma sencilla, porque creo que todos entendemos muy bien lo que significa estar hoy aquí. Nadie llega a un lugar como este solo. Yo no llego solo. Llego acompañado por el trabajo de quienes me han precedido, por la confianza de muchos compañeros, por el apoyo de una junta directiva que empieza esta etapa con mucha ilusión, y por una convicción profunda: nuestra especialidad merece ocupar el lugar que le corresponde.

La cirugía cardiovascular es una especialidad extraordinaria. Los que estamos aquí lo sabemos. Lo vivimos cada día. Es una especialidad que une conocimiento, técnica, precisión, serenidad, valentía y humanidad. Una especialidad en la que cada decisión cuenta. Cada gesto cuenta. Cada minuto puede cambiar una vida. Trabajamos sobre el corazón, sobre la aorta, sobre los grandes vasos, sobre arterias que llevan vida. Trabajamos muchas veces en pacientes frágiles, en situaciones límite, con poco margen para el error y con una confianza enorme depositada en nuestras manos.

Y eso marca.

Marca la forma de trabajar. Marca la forma de pensar. Y también marca la forma de entender la medicina. La cirugía cardiovascular nos obliga a estudiar siempre. A entrenar siempre. A revisar resultados. A aprender de los errores. A trabajar en equipo. A mantener una mezcla difícil de humildad y determinación. Humildad, porque nadie que haya entrado en un quirófano cardiovascular puede pensar que lo controla todo. Y determinación, porque, incluso en los momentos difíciles, todos los días asumimos la responsabilidad de ofrecer a nuestros pacientes una oportunidad. Una oportunidad de vivir más. Una oportunidad de vivir mejor. Una oportunidad de recuperar su vida, su familia, su autonomía y su futuro.

Eso es lo que hacemos. Y creo que debemos decirlo con orgullo.

Durante mucho tiempo nuestra especialidad ha vivido, en cierto modo, demasiado hacia dentro. Hemos trabajado mucho. Hemos publicado. Hemos formado. Hemos innovado. Hemos obtenido resultados excelentes. Pero no siempre hemos sabido explicar bien a la sociedad el valor real de lo que hacemos.

Y eso tenemos que cambiarlo.

La cirugía cardiovascular moderna no es esa imagen antigua de una cirugía necesariamente agresiva, dura, alejada de la innovación o encerrada en el quirófano. La cirugía cardiovascular actual es una especialidad viva, moderna, tecnológica, precisa, multidisciplinar y en continua evolución. Hoy hacemos cirugía convencional de altísima complejidad. Hacemos cirugía mínimamente invasiva. Cirugía endovascular. Procedimientos híbridos. Técnicas transcatéter. Tratamiento avanzado de la aorta. Asistencia circulatoria. Trasplante. Cirugía de las cardiopatías congénitas. Cirugía vascular compleja. Manejo integral del paciente cardiovascular. Nuestra especialidad no se ha quedado atrás. Al contrario. Ha evolucionado de una forma impresionante.

Y tenemos que contarlo mejor.

Tenemos que explicar qué hacemos, cómo lo hacemos y qué resultados obtenemos. Tenemos que explicar que detrás de cada intervención hay ciencia, tecnología, equipos muy formados y años de entrenamiento. Tenemos que explicar que nuestros pacientes no son números, sino personas a las que muchas veces devolvemos años de vida y calidad de vida. Tenemos que mejorar la visibilidad de la cirugía cardiovascular.

No por vanidad. No por protagonismo personal. No para competir con nadie. Si no porque, si nosotros no contamos lo que somos, otros lo harán por nosotros. Y quizá no lo harán con el rigor, la profundidad y el conocimiento que nuestra especialidad merece. La sociedad debe saber que la cirugía cardiovascular salva vidas. Que ofrece resultados excelentes. Que sigue siendo imprescindible. Que es una especialidad capaz de adaptarse, de innovar y de colaborar. Que no vive anclada en el pasado, sino que forma parte esencial del presente y del futuro de la medicina cardiovascular.

Para eso tenemos que utilizar todos los canales disponibles; las redes sociales, la comunicación digital, la página web de nuestra sociedad, los medios de comunicación cuando sea necesario, pero tenemos que hacerlo bien. Con rigor. Con datos. Con prudencia. Con profesionalidad. Y con una idea clara: comunicar no es simplificar hasta perder la verdad. Comunicar es hacer comprensible lo importante.

Queremos que los pacientes nos conozcan mejor. Queremos que los estudiantes nos vean como una especialidad atractiva. Queremos que los residentes sientan orgullo de pertenecer a ella. Queremos que los gestores comprendan el valor que aportamos. Queremos que la sociedad entienda que invertir en cirugía cardiovascular es invertir en salud, en supervivencia, en calidad de vida y en excelencia sanitaria. Para ganar visibilidad, para formar mejor, para representar mejor a nuestros socios, también necesitamos gestionar mejor.

Pero gestionar mejor no es gastar menos por gastar menos. No va de recortar. No va de empequeñecer la sociedad. Va justamente de lo contrario. Va de utilizar bien nuestros recursos. Va de que los ingresos de la sociedad sirvan para fortalecer nuestra especialidad. Para mejorar nuestra formación. Para apoyar a los socios. Para impulsar proyectos científicos. Para tener herramientas útiles. Para comunicar mejor. Para estar más presentes ante las instituciones y ante la sociedad. Una sociedad científica fuerte necesita recursos, claro que sí. Pero necesita, sobre todo, saber hacia dónde dirigirlos. Y en este sentido quiero reconocer una decisión importante de la Junta Directiva saliente. La junta anterior encargó una auditoría de la propia sociedad. Y creo que eso es una decisión valiente y responsable. Una auditoría no debe verse como un gesto de desconfianza. Al contrario. Debe verse como una herramienta de mejora. Como una forma de mirarnos por dentro con rigor, de conocer mejor nuestra situación, de identificar fortalezas, de detectar áreas mejorables y de obtener nuevas ideas para aumentar nuestra capacidad de gestión.

Esperamos tener pronto esos resultados.

Y cuando los tengamos, deben servirnos para construir. No para mirar atrás con reproches, sino para mirar hacia delante con más información, con más transparencia y con más capacidad de decisión. Queremos que cada esfuerzo económico tenga sentido. Que cada proyecto tenga utilidad. Que cada iniciativa ayude a hacer más fuerte nuestra especialidad.

Otro aspecto que me parece esencial es el de las técnicas transcatéter y endovasculares.

Las técnicas transcatéter no son una amenaza para la cirugía cardiovascular. Son parte de su evolución. Son una oportunidad. Una oportunidad para que nuestra especialidad siga estando donde debe estar: en el tratamiento integral del paciente cardiovascular. La SECCE ya entendió esto hace años. Durante el mandato del doctor Legarra se creó una sección dedicada a estas técnicas, precisamente para impulsar la formación, la participación y el liderazgo de los cirujanos cardiovasculares en este campo.

Ese camino no debemos abandonarlo. Al contrario. Debemos reforzarlo.

Y una de las voluntades firmes de esta próxima junta directiva será intentar atraer de nuevo al grupo CITENDO, para que pueda ejercer su liderazgo, su experiencia y su capacidad docente dentro del paraguas común de la cirugía cardiovascular.

Lo digo con absoluto respeto y con absoluta convicción.

No se trata de competir. No se trata de absorber. No se trata de imponer nada. Se trata de sumar. CITENDO representa conocimiento, experiencia y liderazgo en un área que va a seguir creciendo. Y la SECCE debe ser la casa común de todos los cirujanos cardiovasculares. También de quienes han apostado por las técnicas transcatéter y endovasculares. También de quienes han abierto camino en ese terreno. Los cirujanos cardiovasculares debemos estar en la planificación, en la indicación, en la ejecución, en la resolución de complicaciones, en la docencia y en la investigación de estas terapias. Y debemos estar no desde la nostalgia, sino desde la preparación. No desde la queja, sino desde la competencia. No desde el miedo, sino desde la evidencia, la formación y la capacidad real de aportar valor.

Si somos capaces de unir experiencia, liderazgo y estructura, ganará la cirugía cardiovascular. Y, sobre todo, ganarán los pacientes.

También quiero referirme a un paso que vamos a materializar en los próximos meses: la sección de cardiopatías congénitas. Esta sección ya está aprobada. Ahora nos corresponde convertirla en una realidad operativa, visible y útil para nuestros socios. La cirugía de las cardiopatías congénitas es una de las áreas más complejas, más delicadas y más admirables de nuestra especialidad. Exige precisión extrema, visión anatómica, planificación, experiencia y una sensibilidad especial. Muchas veces no se trata solo de operar una lesión concreta. Se trata de acompañar a un paciente durante una parte muy importante de su vida. Los pacientes con cardiopatías congénitas son niños, adolescentes y adultos. Son pacientes que han sobrevivido gracias al avance de la medicina y gracias al trabajo de generaciones de cirujanos, cardiólogos, intensivistas, anestesistas, perfusionistas, enfermería y muchos otros profesionales. Y son también un recordatorio de lo mejor que puede conseguir la cirugía cardiovascular cuando une ciencia, técnica y compromiso.

Por eso esta sección era necesaria.

Debe servir como punto de encuentro. Debe servir para dar visibilidad. Para formar. Para promover registros, colaboración, investigación y presencia institucional. Debe servir para integrar mejor esta área dentro de nuestra sociedad y para reconocer el valor enorme de quienes dedican su vida profesional a ella. Una sociedad cardiovascular completa no puede dejar ninguna parte de su especialidad al margen. Y las cardiopatías congénitas forman parte esencial de lo que somos.

Otro compromiso fundamental de esta junta directiva será la transparencia.

Quiero que esta sea una etapa de transparencia real. No una transparencia de palabra, sino de hechos. Queremos publicar en la página web lo que hacemos. Nuestras cuentas. Nuestros gastos. Nuestras reuniones. Nuestros proyectos. Nuestras decisiones relevantes. Queremos que los socios sepan en qué se trabaja, qué se decide, cómo se decide y a qué se destinan los recursos. Y la auditoría encargada por la junta anterior debe ayudarnos también en ese camino. No solo para revisar cifras. También para revisar procedimientos. No solo para saber cuánto gastamos. También para saber si estamos gastando bien. La transparencia no debe verse como una obligación incómoda. Debe verse como una forma de respeto hacia los socios.

Porque la SECCE no pertenece a una Junta Directiva. La SECCE pertenece a sus socios.

La Junta Directiva tiene una responsabilidad temporal: dirigir, coordinar, proponer y tomar decisiones. Pero la sociedad es de todos. Y cuanto más participen los socios, más fuerte será nuestra especialidad. Por eso queremos una sociedad abierta. Abierta a sugerencias. Abierta a críticas constructivas. Abierta a ideas nuevas. Abierta a proyectos que puedan nacer de cualquier socio, de cualquier hospital, de cualquier generación y de cualquier área de nuestra especialidad. No debemos tener miedo al debate. No debemos tener miedo a escuchar. No debemos tener miedo a cambiar cosas si la realidad nos demuestra que pueden hacerse mejor.

La cirugía cardiovascular ha avanzado precisamente porque nunca se ha conformado. Porque siempre ha habido alguien que ha pensado que una técnica podía mejorar, que una incisión podía reducirse, que un resultado podía optimizarse, que una complicación podía evitarse o que un paciente podía beneficiarse de una opción que antes no existía. Esa misma mentalidad tenemos que llevarla a nuestra sociedad.

Tenemos por delante otro reto enorme: poner en marcha el nuevo programa formativo.

Un programa realizado bajo el liderazgo de nuestro nuevo vicepresidente y futuro presidente, el Dr. Jacobo Silva. Un programa ambicioso, exigente y necesario. Un programa de máximos, que intenta abarcar todo el espectro de la cirugía cardiovascular moderna. La formación del cirujano cardiovascular debe incluir cirugía cardiaca del adulto y del niño, cirugía vascular, cirugía endovascular, procedimientos transcatéter, TAVI, reparación mitral transcatéter, cuidados intensivos relacionados con nuestro postoperatorio, asistencia circulatoria, dispositivos de estimulación, trasplante, patología de la aorta, y todas aquellas áreas que forman parte de la práctica real y futura de nuestra especialidad.

El programa debe ser exigente porque la especialidad es exigente. Pero también debe ser justo.

Debe garantizar que los residentes se formen con volumen suficiente, con exposición quirúrgica real, con supervisión adecuada y con una progresión coherente. No podemos formar especialistas solo en teoría. La cirugía se aprende estudiando, sí. Pero también viendo, ayudando, haciendo y asumiendo responsabilidad de forma progresiva. Por eso es tan importante que por fin se regule el número de residentes en función del número de cirugías acreditadas. Esto no es un detalle administrativo. Es una cuestión esencial para la calidad de la formación y para el futuro laboral de nuestros especialistas jóvenes. Formar menos residentes si no hay volumen suficiente para formarlos y luego par absorberlos como profesionales no es ir contra la especialidad. Es protegerla. Es proteger la calidad de la formación. Es proteger el prestigio del título. Es proteger el futuro profesional de quienes eligen este camino. Y es hacer la especialidad más atractiva para los estudiantes de Medicina.

Necesitamos atraer talento. Necesitamos que los mejores estudiantes miren a nuestra especialidad y piensen: ahí quiero estar. Y para eso tenemos que recuperar la capacidad de ilusionar.

Porque la cirugía cardiovascular es dura, claro que lo es. Es exigente. Es compleja. A veces es ingrata. A veces pesa. Todos lo sabemos. Pero también es una de las especialidades más apasionantes de la medicina. Tiene impacto directo. Tiene belleza técnica. Tiene responsabilidad. Tiene innovación. Tiene futuro. Y tiene algo que no se puede explicar del todo hasta que uno lo vive: la sensación de que, en determinados momentos, lo que haces cambia de verdad la vida de una persona.

Tenemos que creérnoslo nosotros primero para poder transmitirlo después. Y tenemos motivos para hacerlo. La cirugía cardiovascular española tiene profesionales extraordinarios. Tiene hospitales con resultados excelentes. Tiene unidades que han desarrollado programas de referencia. Tiene grupos que innovan, que investigan, que enseñan, que publican y que forman. Tiene generaciones jóvenes muy preparadas. Tiene una tradición importante y un futuro que debemos defender.

Pero ese futuro no está garantizado por inercia.

Hay que trabajarlo. Hay que estar presentes en los debates importantes. Hay que participar en las decisiones que afectan a nuestra especialidad. Hay que defender nuestras competencias. Hay que colaborar con otras especialidades, pero desde el respeto mutuo y desde el reconocimiento claro del valor que aporta la cirugía cardiovascular.

La colaboración multidisciplinar es imprescindible. Pero colaborar no significa desaparecer. Colaborar no significa renunciar a nuestro papel. Colaborar significa aportar lo que sabemos hacer mejor, aprender de otros y construir juntos la mejor opción para el paciente.

Y ahí debemos estar siempre. Con evidencia. Con resultados. Con formación. Con capacidad técnica. Con liderazgo clínico. Y con una presencia institucional sólida.

Nuestra especialidad tiene una belleza particular. Y creo que no debemos tener reparo en decirlo.

Hay belleza en reparar una válvula y ver cómo vuelve a funcionar. Hay belleza en reconstruir una aorta enferma. Hay belleza en restablecer el flujo donde antes había isquemia. Hay belleza en corregir una cardiopatía congénita y ofrecer a un niño una vida por delante. Hay belleza en sacar adelante a un paciente crítico cuando parecía no haber margen.

Y hay belleza, sobre todo, en el trabajo silencioso de un equipo que sabe lo que tiene que hacer.

Pero no es una belleza superficial. Es la belleza de la precisión. La belleza del conocimiento aplicado. La belleza del esfuerzo colectivo. La belleza de la medicina cuando alcanza uno de sus niveles más altos de exigencia.

Quienes hemos vivido esta especialidad sabemos que hay momentos difíciles. Momentos de cansancio, de presión, de frustración y también de dolor. Pero también sabemos que hay pocos instantes comparables a mirar a un paciente después de una intervención compleja y saber que ha salido adelante.

Eso da sentido a muchas cosas. A las horas de quirófano. A las guardias. A los años de formación. A la responsabilidad. A esta especialidad. Y por eso nuestro objetivo último no puede perderse nunca: el paciente

Podemos hablar de gestión, de redes sociales, de formación, de transparencia, de secciones, de programas docentes, de cuentas, de proyectos y de estrategia. Todo eso es necesario. Todo eso es importante. Pero todo eso solo tiene sentido si nos ayuda a cumplir mejor nuestra misión principal: ayudar a nuestros pacientes a alcanzar el mejor estado de salud posible.

Esa debe ser nuestra brújula.

Queremos una SECCE más visible, más transparente, más participativa, más formativa, más moderna y más útil. Queremos una sociedad que represente a todos los ámbitos de la cirugía cardiovascular. Una sociedad que cuide a sus socios. Que escuche a sus residentes. Que atraiga a los estudiantes. Que dialogue con las instituciones. Que sepa explicar a la sociedad el valor de nuestra especialidad. Y esto no será tarea de una sola persona. Ni siquiera de una sola Junta Directiva.

Será tarea de todos.

Porque nuestra especialidad, como nuestros quirófanos, funciona en equipo. Ningún resultado importante se consigue solo. La cirugía cardiovascular es probablemente una de las expresiones más claras del trabajo colectivo. Cirujanos, anestesistas, perfusionistas, intensivistas, enfermería, cardiólogos, rehabilitadores, técnicos, personal de planta y muchos otros profesionales participan en el resultado final. Y nuestra sociedad debe reflejar ese mismo espíritu. Trabajo en equipo. Rigor. Compromiso. Exigencia. Lealtad. Transparencia. Y ambición bien entendida. Ambición no personal, sino colectiva.

La ambición de dejar una sociedad mejor de la que recibimos. La ambición de que nuestra especialidad sea más fuerte dentro de unos años. La ambición de que los jóvenes quieran venir. La ambición de que los pacientes nos conozcan y confíen en nosotros. La ambición de que la cirugía cardiovascular española siga creciendo.

No os pido una confianza pasiva. Os pido participación. Os pido que nos ayudéis. Que nos exijáis. Que nos propongáis ideas. Que nos hagáis llegar vuestras preocupaciones. Que construyamos entre todos una sociedad más abierta, más moderna y más fuerte.

Tenemos historia. Tenemos talento. Tenemos resultados. Tenemos capacidad de innovación. Tenemos una especialidad imprescindible. Y tenemos una responsabilidad enorme con nuestros pacientes y con quienes vendrán detrás de nosotros.

Asumo esta presidencia con ilusión, con humildad y con determinación. Con ilusión, porque creo profundamente en la cirugía cardiovascular. Con humildad, porque sé que queda mucho por hacer y porque ninguna junta directiva posee todas las respuestas. Y con determinación, porque estoy convencido de que esta sociedad puede dar un paso adelante.

Un paso adelante en visibilidad. Un paso adelante en formación. Un paso adelante en transparencia. Un paso adelante en participación. Un paso adelante en defensa de nuestra especialidad. Un paso adelante al servicio de nuestros pacientes.

Muchas gracias por vuestra confianza.

Trabajaremos con rigor, con transparencia y con ilusión. Y lo haremos con una idea muy sencilla, pero muy importante: hacer más grande la cirugía cardiovascular para servir mejor a nuestros pacientes.

Muchas gracias a todos.